martes, 16 de mayo de 2017
REDACCIÓN
Habíamos salido a las 5 de la madrugada de casa, para irnos de vacaciones, una semana al cabo de Gata. Íbamos en el coche: Alba, Miguel, María, y yo, por supuesto. Decidimos viajar por el sur de la península ibérica, para visitar los preciosos paisajes frente al mar. Teníamos muchas ganas de llegar. Habían pasado unas cinco horas desde que hicimos dos paradas. Todo empezó, cuando íbamos por un camino de tierra, cargados con la baca llena de trastos: todos llevábamos una maleta, menos María, que llevaba dos, su peso dificultaba el viaje. De repente, sonó un ruido muy extraño, parecía como si las ruedas de hubieran reventado. Se lo dije al conductor, Miguel, pero no le dio importancia porque en ese camino habían muchas piedras grandes. Llegamos a nuestro querido destino, el Faro del cabo de Gata con el mirador de las Sirenas. Alba tenía una pequeña casa de verano.
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